sábado, 28 de agosto de 2010

El gato negro y el cubo blanco


¿Una playa o un desierto?. No recuerdo haber visto el mar, ni haberlo olido, ni haberlo escuchado, probablemente fallaron los detalles. A menos de 50 metros había un par de palmeras y la oscuridad era absoluta. Tres focos daban una pequeña linea de luz que desaparecía demasiado pronto ante la imponente noche ciega, sin luna y sin estrellas.


Sentados junto a las luces charlábamos, de la nada llega un autobús, una familia, un gato, un bebe. Necesitábamos movernos de ese sitio porque los ruidos eran atormentadores y las luces no ayudaban. Sin dudar nos montamos con la extraña familia. Como no había más espacio me senté en un pequeño balcón al final del autobús, aislado, lo extraño era  que no tenía acceso ni hacia el autobús ni hacia afuera. Había que saltar la reja. El espacio era suficiente para recostarme así que lo hice, a mi lado el gato negro tratando de morderme, juguetón pensé yo. Pero en segundos empecé a escuchar voces saliendo de él. El pequeño balcón se convirtió en una sala con piso de mármol y un gato que me invitaba a la oscuridad. No sé por qué pero al parecer a mi subconsciente le gusta jugar con las invitaciones al infierno mientras duermo. Pasados dos minutos de terror y forcejeo  con el gato, me di cuenta que se había convertido en una persona, un monstruo, o que se yo que entidad. Nunca había visto algo así antes. Sus piernas parecían desvanecerse en la compleja irrealidad del lugar. 

Trataba de alcanzar mi cuello para cortarme y yo con las piernas lo pateaba una y otra vez sin tener ningún lugar a donde ir. Éste simpático gato satánico que tanto se esforzaba por matarme o atraerme a su precipicio sufría muchas transformaciones en poco tiempo. Habremos durado unos 5 minutos en eso pero como toda escena de terror y muerte: parece que hubiera sido una eternidad.

De un instante a otro pienso en el sueño: estoy peleando con un gato negro mutante-satánico que habla y he estado en una playa un autobús y una sala de mármol. Ésto es un sueño. Vi a la cara al demonio y me concentré en hacer lo que quisiera de mi sueño.

Desaparecí y aparecía en un cubo absolutamente blanco, radiante, conmigo flotando en todo el centro, me reía. Flotaba daba vuelta y me impulsaba con las paredes. Gravedad cero. Mientras seguía rebotando en las paredes como niño con juguete nuevo estaba recordando lo que estaba pasando con el gato negro. Me preguntaba por qué sabiendo que era un sueño no lo asesiné sino que me vine a un cubo blanco sin gravedad. De repente con eso quiera decir algo mi instinto. Lo ignoro.

Por pura curiosidad y venganza regresé voluntariamente a la escena del gato asesino y lo desintegré con mis pensamientos. Espadas de luz acabaron con él. 

Aquí estoy, sentado en una sala donde presenté el primer examen de no se qué en el cuál no sé por qué todos intentaron copiarse de mí a pesar de que llegue tarde porque una amiga se desmayó en el pasillo. Ya terminé y converso con el profesor sobre lo que estaba soñando. 

Y ahora que estoy realmente despierto, lo vuelvo a contar.