lunes, 31 de mayo de 2010

Con el lago y el dragón.

Atardecer, una brisa fresca, y el agua a la temperatura perfecta, deliciosa, cristalina, el cielo transformándose en naranja, rosado y violeta, el fondo de rocas, flores, peces y perlas se veía tan claramente que llegaba a dudar de si estaba nadando o flotando. Incluso el sabor del agua era excepcional. Y la velocidad a la que me deslizaba por la superficie era impresionante. Nadaba de orilla a orilla en este infinito y mágico lago de placeres. Y observe al fondo ésta gran masa moviéndose, ese millón de pentágonos, cuadritos con colores inquietos de arcoíris y un fondo azul que apenas sentía la fricción del agua, se abría camino entre las cortinas de la profundidad de éste lago, y yo encantado, aterrado, mirando ese piso mágico moverse en las profundidades. Era un dragón. Al que pude observarle más claramente segundos después de haber salido del agua. Imponente, celestial, mágico, increíble experiencia.

Con el lago y el dragón.

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